Cuando a principios del pasado mes de junio los conservadores de Pedro Passos Coelho ganaron las elecciones en Portugal, apartando del poder al socialista José Sócrates, solo quedaron en la Unión Europea cinco países con gobiernos de izquierda o centroizquierda, y de ellos, tres con escaso peso político (Austria, Chipre y Eslovenia) y dos seriamente castigados (España, donde los socialistas acababan de sufrir una gran derrota en las elecciones municipales y autonómicas, y Grecia, al borde de la bancarrota y en pleno estallido social).
Las razones del fracaso de la izquierda en Europa son complejas y variadas, e incluyen desde la evolución demográfica y socioeconómica de la población en las últimas décadas hasta la propia división de su electorado, pero la mayoría de los expertos coinciden en señalar a la crisis económica, a sus efectos y al modo en que se ha reaccionado contra ellos, como la principal responsable. No en vano, la mayor parte de los malos resultados electorales logrados por la izquierda se han producido a partir de 2008, el año en que quebró Lehman Brothers y la recesión global se hizo oficial.
Pero el efecto devastador de la crisis, sin embargo, parece ir más allá de ideologías, y después de la derrota de la izquierda en Portugal y de las próximas elecciones españolas del 20 de noviembre, en las que todo son malos augurios para los socialistas, podría llegarle el turno también a la derecha,a tenor de los resultados electorales de los últimos meses.
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