Este viernes se cumple un mes desde que un potente terremoto de 7 grados causó en Haití, la nación más pobre del continente americano, una de las mayores catástrofes en lo que llevamos de siglo.
El trágico balance hasta ahora es de cerca de 250.000 muertos, tres millones de desplazados, decenas de miles de heridos, un Gobierno prácticamente inexistente… Y un país devastado por completo (humana, física, social y políticamente), al que la comunidad internacional trata de sacar a flote entre enormes dificultades, con grandes dosis de solidaridad y también con no pocas críticas, y en el marco de un trabajo que deberá ser, en cualquier caso, a muy largo plazo.
Un mes después, la situación del país sigue siendo desesperada, pero también empiezan a notarse algunas mejoras, gracias, principalmente, a una mayor coordinación en la gestión de la ayuda recibida.

Una mujer haitiana, en un campamento instalado en un club de golf de Puerto Príncipe. Foto: Ulises Rodríguez (Efe)
HACE UN MES
El terremoto
El seísmo que devastó Haití el pasado 12 de enero fue registrado a las 16.53 h, hora local, con epicentro a 15 Km de la capital del país, Puerto Príncipe. Tuvo una intensidad de 7 grados en la escala de Richter y duró unos 40 segundos. Se sintió también en la República Dominicana, Cuba y Jamaica, aunque en estos países no causó daños.
El terremoto, que fue seguido de tres réplicas de 5,9, 5,5 y 5,1 grados, se produjo en una zona de importante actividad tectónica, entre las placas de Norteamérica y el Caribe. El hecho de que se originase a sólo 8 Km de profundidad (muy cerca de la superficie) lo hizo especialmente catastrófico, en un país cuyas construcciones e infraestructuras son extremadamente precarias.
Posteriormente siguieron otras réplicas de entre 4,5 y 5,9 grados, y el día 20 de enero se produjo un nuevo seísmo de 6,1 grados.
El último gran terremoto en Haití había ocurrido hace 150 años, pero el país ha sido azotado recientemente por numerosos desastres naturales que entre 2001 y 2007 se cobraron más de 18.000 muertos. En 2008 sufrió cuatro grandes huracanes, con 800 muertos.
Las víctimas
La última cifra oficial de muertos por el terremoto, dada a conocer a principios de esta semana por el presidente de Haití, René García Préval, es de 250.000. El número de personas sin hogar supera el millón, hay unos 300.000 heridos y más de 3 millones de personas afectadas.
Entre los muertos figuran cuatro españoles: el matrimonio formado por María Jesús Plaza y su marido, de origen haitiano, Yves Baltroni; la subinspectora de la Polícía Nacional Rosa Crespo, y la funcionaria de la Comisión Europea Pilar Juárez.
El seísmo causó la muerte de varios ministros, de todo el personal que se encontraba en el edificio de la ONU en Puerto Príncipe (también del jefe de la misión de Naciones Unidas) y del arzobispo de la capital, entre otras personalidades.
Los daños
La ciudad de Puerto Príncipe quedó arrasada, sin agua ni luz eléctrica y con el 20% de los edificios derrumbados, incluyendo decenas de miles de viviendas, la catedral, el palacio presidencial, la mencionada sede de la ONU, hoteles, escuelas…
Según el Gobierno haitiano, el 60% del Producto Interior Bruto del país quedó destruido.
DÍA A DÍA
UN MES DESPUÉS
Las víctimas
Un millón de personas sigue viviendo en la calle, en 492 campamentos improvisados. Hay unas 250.000 casas destruidas y sólo 272.000 afectados han recibido hasta ahora materiales de construcción.
Miles de haitianos continúan haciendo cola en las puertas de las embajadas occidentales en busca de un visado que les permita salir de la isla y otros cientos buscan sin éxito cruzar a pie la frontera a la República Dominicana.
Las escuelas permanecen cerradas y sigue habiendo graves problemas de infraestructuras.
La comida
El Programa Mundial de Alimentos está distribuyendo raciones a unos 2 millones de haitianos en 16 puntos de reparto, pero miles de personas siguen pasando hambre. El precio del arroz importado ha subido un 25%, y el de la harina, un 65%.
La condiciones sanitarias
La Cruz Roja ha proporcionado tratamiento médico a 13.000 personas y ha distribuido 15 millones de litros de agua potable. Cerca de 800.000 damnificados reciben raciones diarias de agua, pero la permanencia de aguas insalubres puede crear problemas sanitarios.
Unas 37.000 familias han recibido mantas, útiles de cocina y kits de higiene. Médicos sin Fronteras ha tratado a 13.000 pacientes y ha practicado más de 1.400 operaciones.
Violencia
La violencia en las calles continúa siendo un gran obstáculo para la reconstrucción del país. Los saqueos se han reducido pero siguen produciéndose, y muchas ONG que operan en la zona han denunciado un notable incremento de violaciones a mujeres.
Limpieza
La ONU calcula que todavía falta por retirar unas 63 millones de toneladas de escombros y basura.
La ayuda
La solidaridad internacional, con dinero aportado por gobiernos, instituciones, ONG y particulares de todo el mundo, así como a través de numerosos actos benéficos de todo tipo, ha batido récords y ha superado a la ayuda aportada para socorrer a los damnificados por el tsunami de 2004 en el Índico. El llamamiento realizado por la ONU se ha cubierto ya en un 95%.
España ocupa el cuarto puesto en la lista de donantes, con unos 34 millones de euros. Por delante están sólo Estados Unidos (378 millones de euros), Canadá (59 millones) y Arabia Saudí (36 millones). En el caso de EE UU, que tiene 13.000 soldados en Haití, se trata de uno de los mayores despliegues humanitarios de su historia reciente.
Presencia española
La ministra de Defensa, Carme Chacón, explicó que la agrupación táctica española de 450 efectivos desplegada en Haití en la Operación Hispaniola -a través del buque Castilla- estará en este país “por un periodo máximo de tres meses, hasta el 4 de mayo”, si bien puntualizó que este plazo “podría ser prorrogado si las circunstancias lo hicieran necesario”. El despliegue español en Haití cuesta 18,8 millones de euros.
Avances
Un mes después del terremoto ha mejorado notablemente, a través de la ONU, la coordinación entre las 900 agencias de ayuda que operan en el país. Las condiciones de recepción en el aeropuerto también son mejores, y algunos servicios han comenzado ya a funcionar en la capital.
Por otro lado, hay menos fallecidos en las calles, lo que empieza a hacer más respirable el ambiente, y existe un mayor control policial en algunas zonas. Además, se ha restablecido parte de la cobertura de teléfonos móviles y han sido reabiertas algunas gasolineras.
La reconstrucción
La embajadora de Haití en España, Yolette Azor-Charles, ha elevado recientemente a 25 años la cifra inicial de 10 que se calculó hace unas semanas como el tiempo necesario para la reconstrucción del país.
Susana Arroyo, portavoz regional de Intermón-Oxfam, destacó que “lo que se busca después de un desastre es que la población pueda llegar a tener las condiciones de vida que tenía antes de la catástrofe, pero en un país donde ya el 76% de la población vivía ya bajo la línea de la pobreza, la recuperación adquiere otras dimensiones y los desafíos a que nos obliga son inmensos”.
ZOOM SOBRE HAITÍ
Los datos básicos
Con una extensión de 27.750 km2, un clima tropical y un territorio muy montañoso, Haití es el país más pobre del Hemisferio Occidental y uno de los más pobres del mundo.
Comparte la isla La Española con la República Dominicana y tiene una población de 8,5 millones de habitantes, el 95% de los cuales son de raza negra, descendientes de esclavos africanos. En la capital, Puerto Príncipe, viven 2,3 millones de personas. Los idiomas principales son el francés y el criollo y la mayoría de la población es de religión católica.
Una historia de inestabilidad y violencia
Haití fue colonia española hasta 1697 y, después, francesa. En 1804 se convirtió en la primera república independiente de América Latina y tuvo la primera revolución existosa de esclavos. Entre 1915 y 1934 estuvo bajo ocupación militar de EE UU, y de 1957 a 1986 el poder estuvo en manos del brutal dictador François Duvalier y luego de su hijo Jean-Claude.
En 1990, el sacerdote Jean Bertrand Aristide fue elegido presidente en las primeras elecciones libres con sufragio universal, pero fue derrocado en 1991 por un golpe de Estado militar y se exilió. Volvió en 1994 tras una intervención militar de EE UU.
René García Préval llegó a la jefatura de Estado en 1996 y Aristide volvió a ganar en febrero del 2001, en unos comicios boicoteados por la oposición. Tras una nueva insurrección armada, y bajo presión de EE UU, Francia y Canadá, dimitió en febrero del 2004 y se exilió a Sudáfrica. Desde junio de ese año se desplegó una Misión de la ONU para la Estabilización de Haití (Minustah), con 7.000 cascos azules y 2.000 agentes internacionales, de los que unos 40 son españoles. En 2006 fue reelegido presidente García Préval.
Miseria, analfabetismo y desigualdad
El 76% de la población vive bajo el umbral de la pobreza, y el 54%, con menos de un dólar al día. Sólo sabe leer el 45% y existe una gran brecha entra la empobrecida mayoría negra y los mulatos francófonos, el 1% de los cuales es dueño de casi la mitad de las riquezas. La esperanza de vida es de 52 años y el 2,2% de la población tiene el virus del sida.
Una economía en números rojos
Haití tiene una deuda exterior de más de 1.300 millones de dólares. El paro afectaba antes del terremoto al 65% de la población, y el PIB per cápita era de 450 dólares. Su débil economía se basa en la pesca, la ganadería y la industria textil y de ensamblado de componentes electrónicos.
El país depende de la importación de alimentos y de las ayudas exteriores. Exporta manufacturas, café, caña de azúcar, aceites y mango.
Problemas medioambientales y sus consecuencias
Como salida a la pobreza, la población ha contribuido a deforestar el país cortando árboles para vender leña y carbón, lo que ha provocado la erosión del suelo y una gran escasez de agua potable. Según informa la BBC, tres cuartas partes de la demanda energética se satisface con madera, y la erosión del suelo afecta ya a la mitad del país.
Esta deforestación hace que las tormentas tropicales sean aún más devastadoras. Por otro lado, también ha reducido la producción agrícola, provocando un éxodo masivo a las ciudades, con la consecuente proliferación de chabolas.